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Nunca es tarde para aprender

tres niños jugando con limaduras de hierro aprendiendo a través de la experimentación y la manipulación

Una cosa muy bonita de mi trabajo es que, en ocasiones, te sorprende.

En verano los pueblos de la zona se llenan de niños y, a menudo, me solicitan talleres de experimentos dentro de la programación cultural de los ayuntamientos.

Este año en uno de ellos me esperaba una sorpresa, una experiencia muy curiosa que me gustaría compartir con vosotros.

Como siempre, llegué con tiempo al local para tenerlo todo listo y, cuando abrieron las puertas al público, la sala se llenó de abuelos y de personas de mediana edad que ocuparon todos los asientos. Estarán guardando el sitio a sus nietos, pensé yo, pero tras dejar pasar diez minutos de cortesía solo aparecieron dos niños que, por cierto, fueron unos magníficos ayudantes de laboratorio.

dos personas de la tercera edad asistiendo a clase

Transcurrido ese tiempo decidí comenzar con los experimentos, que explicaban la formación de algunos fenómenos meteorológicos muy comunes y, tengo que decir que pocas veces he encontrado un público tan atento y entregado. Eso sí, pese a que yo les invitaba a acercarse a la mesa donde tenían lugar los experimentos para que pudieran observar mejor y a que pedí algunos voluntarios, la mayoría de los asistentes permaneció en sus sillas, muy interesados en el tema, eso sí, pero sin decidirse a participar.

A mitad del taller aparecieron por fin siete niños más. El verano es el verano y es muy sano que en vacaciones a los niños se les peguen las sábanas. A ellos no hizo falta insistirles para que se aproximaran a la mesa y participaran de la actividad. Es más, se peleaban para ser los primeros en crear una nube en una botella o en comprobar de qué manera se mueve el aire.

Al final, resultó una sesión muy original y enriquecedora: se encontraron dos (o más) generaciones compartiendo curiosidad y aprendizaje. El interés por comprender el mundo que nos rodea nos acompaña toda la vida y la gente mayor tiene intacta esa capacidad de preguntarse y buscar respuestas, que es la base del pensamiento científico.

niños pequeños jugando con marionetas e imanes aprendiendo a través de la experimentación y la manipulación

Esta experiencia que os cuento me hizo después reflexionar sobre la educación que recibieron nuestro mayores y el modelo educativo actual. Para empezar, muchos de ellos accedieron solo a conocimientos básicos y su paso por la escuela fue muy corto, una tarima ponía distancia entre maestro y alumnos y el método de aprendizaje se basaba en la impartición de clases magistrales. Todo eso más una pizca del pudor que te imprimen los años pudo ser el origen de que los mayores no se animaran a participar como sí lo hacían los niños en el taller.

Sin embargo, la enorme curiosidad que manifestaron me hizo pensar que el modelo de aprendizaje basado en la experimentación y la manipulación es válido para cualquier edad, es más, resulta necesario.

En las últimas décadas el sistema educativo ha avanzado y evolucionado adaptándose a nuevas metodologías y aplicando las nuevas tecnologías en las aulas. Sin embargo, desde el humilde punto de vista de una observadora, creo que con mucha frecuencia se reduce el el aprendizaje manipulativo a las primeras etapas educativas, cuando resulta la base y el punto de partida del pensamiento abstracto.

Muchas veces pienso que hoy existirían muchos menos terraplanistas si de niños hubiéramos aprendido mediante una simulación cómo se producen las estaciones o por qué vemos las distintas fases de la luna. Ese tipo de conocimientos basados en la observación y la experimentación se convierten en aprendizajes significativos que interiorizamos y nos acompañan toda la vida, formando parte de nuestra cultura general, de la de verdad, porque van más allá del conocimiento teórico.

niña acercando la mano a una botella con humo dentr aprendiendo a través de la experimentación y la manipulación

Un apunte más: aunque en Cuentitis Aguda encontraréis muchos contenidos sobre ciencias y experimentos debo confesar que yo soy de letras, pero eso no significa que no me interese la ciencia, solo que me resulta complicada. Así que he comprobado en carne propia que la experimentación y la manipulación favorecen la comprensión de fenómenos naturales y conceptos científicos a personas que, como yo, no se sienten especialmente inclinadas hacia las ciencias o no están especializadas en esas disciplinas, igual que sucedió en el taller en el que los abuelos compartieron espacio y experiencia con los abuelos. Es cierto que se trata de conocimientos básicos, pero fundamentales para comprender aunque sea un poquito de nuestro mundo, de los fenómenos que se repiten en la naturaleza y vemos en el día a día.

Yo, por mi parte, voy a seguir tocando, manipulando, experimentando y jugando para aprender cosas nuevas e interesantes y, una vez que las haya interiorizado, no os preocupéis, que lo comparto con vosotros y con todos los niños y niñas que se quieran asomar al blog de Cuentitis Aguda.

En este post hablamos con la cabeza y con el corazón ❤️ de las razones por las que no se debe infligir castigos físicos a los niños. Pincha la imagen

¡Hasta la próxima!🥰

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Isi Cuentitis

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